El mercado de Android sigue muy fragmentado: datos hasta el primer semestre de 2017

Android O encara su recta de lanzamiento, ¿cuándo sale y qué novedades trae?

Android empieza a tener un problema. Y no lo decimos nosotros, sino las propias estadísticas que salen a la luz: el sistema operativo está tan fragmentado que urge tomar una decisión en el seno de Google. Nosotros ya veníamos adelantando esta particularidad desde hace semanas ante el inminente lanzamiento de Android O (8.0), pero ahora son los números los encargados de anunciar que la fragmentación está llegando a niveles insospechados.

Por ejemplo, aquí va un dato demoledor: hay más gente con Android 4.4.4 KitKat, es decir, el sistema operativo de hace casi un lustro, que con Android 7.0 Nougat, el lanzado en otoño del pasado 2016.

Los datos publicados por los compañeros de Andro4all no dejan lugar a la imaginación o a las hipótesis. En otras palabras, no se trata de la capa de personalización, de los rumores sobre si falla más que iOS o de que no rinde. El problema de Android es que los usuarios no actualizan sus sistemas y que las compañías terminan abandonando a sus terminales conforme pasan las semanas.

El mercado de Android sigue muy fragmentado: datos hasta el primer semestre de 2017

Datos

Por ejemplo, en la tabla facilitada en el párrafo superior se puede ver que las versiones más usadas de Android son Android 5 Lollipop y Android 6.0 Marshmallow. Sólo entre estas dos ediciones del sistema operativo se aglutina a seis de cada diez usuarios de Android, una estadística abrumadora si tenemos en cuenta el tiempo que llevan estos dos SO en el mercado.

No obstante, también es un aviso a navegantes que la 7.1 Nougat sólo esté presente en 1,2 por ciento de los teléfonos móviles, o que incluso la 7.0 esté instalada en uno de cada diez smartphones aproximadamente, misma estadística que publicábamos hace dos meses.

¿Qué se puede hacer ante estos números? Quizás es la hora de que Google deje de lanzar un sistema operativo casi por año y establezca tiempos de desarrollo más alargados, véase dos o tres años por cada sistema operativo nuevo. No obstante, esta prolongación del periodo temporal tendría que venir acompañada de un apoyo a las compañías.

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